jueves, 3 de agosto de 2017


Llamado de Amor y de Conversión del Casto y Amante Corazón de San José
2 Agosto 2017

María, Mi virginal Esposa, de espíritu angélico, en su pensamiento reinaba la sabiduría, en su Corazón reinaba la caridad, en sus palabras reinaba la prudencia y el silencio, y en sus gestos reinaba la humildad. 

Mi esposa María fue siempre simple, sencilla, mínima, evitaba en todo ser vista, ser atendida. La Madre del Mundo servía, pero evitaba ser servida; amaba, pero nunca buscó ser amada; se entregó a todos en Dios, pero jamás reclamó nada para Ella misma. Todo le entregó, hasta su propio ser; se anonadó, se inmoló, se humilló profundamente, para no ser Ella, sino que en todo fuera Dios. Y mi Corazón humano, de hombre, de padre, de esposo, pero también de hijo, aprendió de Ella, la imitó, se consagró a Dios por medio de Ella. 

Yo vuestro Padre San José viví en silencio, para contemplarla, para no perderla nunca de vista, para no dispersarme con el ruido y el pensamiento, de la devoción, del amor y de la piedad, con la que María vivía en la tierra. 

Ay hijos, sus corazones aún están muy duros, para contemplar y comprender la sensibilidad de María: su profundo amor y humildad. ¡Torre de Babel destrúyanse, para que se levante la Torre de Marfil, la Torre de Gracia, la Columna del Cielo! María la humilde, María la silenciosa, María la servicial, y hasta que sus corazones se hagan muy pequeñitos, hasta que sus corazones aprendan a perdonar, hasta que en la familia vivan en paz, comprenderán la grandeza de María. 

Lean a Sofonías en el capítulo uno. María, la humilde, y vuestro Padre San José, vuestro protector, los bendecimos: en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.